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Ceder o no ceder

 La cuestión no es si podemos o no, si debemos o no. La cuestión es que seguimos día tras día regalando nuestra información, nuestros preciados momentos expuestos ante los ojos del mundo. Por no mencionar que lo que nos resulta gratis es simplemente maravilloso. Ni el correo electrónico, ni tan siquiera nuestras apps de mensaría escapan a ello. Cedemos nuestros datos incluso para comprar combustible cuando pagamos junto con la tarjeta de afiliación. Cedemos control, entregamos nuestras intimidades e incluso nos jactamos de ello.

Al no levantar los ojos de la pantalla, no solo consumimos tiempo sino además contribuimos más aún a acrecentar el uso de software comercial que se aprovecha de nosotros.


Existen alternativas, se puede sobrevivir sin los grandes monstruos que abarcan el mercado. Iniciativas como NOGAFAM nos invitan a contribuir a crear otros espacios. La reciente caída de los servicios de los tres grandes nos da una idea, lo polarizados que se encuentran los usuarios dan fé de ello.


Todo empieza desde un grupo, comunidad o simplemente la familia. Se puede prescindir de muchos servicios y seguir funcionando, lo que no podemos seguir consintiendo es permitir que nos sigan engañando, manipulando e incluso mintiendo a la cara para así de esta forma continuar con un negocio que exprime a muchos y beneficia unos pocos.